El argentino Rodolfo Mederos y el cubano Silvio Rodríguez 'cantaron' a dos voces en el primer día del Congreso Iberoamericano de Cultura en Medellín 2 julio

Con notas altas comenzó el Congreso Iberoamericano de Cultura en Medellín

"el futuro de la música es el mismo futuro de los pueblos: libres o dependientes"

Un bandoneonista argentino que se resiste a perder su independencia de la industria musical y un cubano que hace su propia revolución a punta de canciones pusieron ayer en aprietos a la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, frente a unos 2.500 asistentes a la apertura del Congreso Iberoamericano de Cultura, en Medellín.

La ministra propuso una conversación sobre la música de Iberoamérica con Rodolfo Mederos, uno de los grandes del tango de hoy, y Silvio Rodríguez, el máximo exponente de la nueva trova cubana, pero ellos se salieron del libreto con la anuencia del auditorio que aplaudía sus palabras.

De entrada, Mederos y Rodríguez coincidieron en que buena parte de la música "es producida en una oficina de mercadeo donde los nuevos artistas terminan siendo esclavizados con discursos como la fusión, que es más una confusión", sentenció Mederos.

La paciente ministra exploró las opiniones de sus invitados sobre las raíces de la música de esta región del mundo. Rodríguez recordó que en su país mucha de la música autóctona fue "barrida por la avaricia de los dominadores", y el legado musical europeo y africano se ancló en Cuba en una fusión natural, "pero no comercial", aclaró.

A su turno, Mederos fue más categórico al separar la música popular, la de autor y la dirigida al pueblo. Explicó que la primera se alimenta de la cotidianidad, la segunda nace del esfuerzo personal y la tercera "se produce en oficinas de mercadeo, se dirige a un público pasivo, es música que 'estupidiza', quita identidad", aseveró antes de una ovación.

Estas opiniones contestarias contrastan con otros espacios de reflexión del Congreso, cuyo tema principal es el mercadeo y la evolución de la industria musical. Incluso hay una rueda de negocios entre artistas y productores nacionales y extranjeros.

La ministra dio un giro a lo que ya era un interrogatorio cordial y habló de la música de hoy como medio de transformación social e integración. "Si hablamos del tango le puedo decir que se encuentra en estado de coma, el tango se quedó en el recuerdo.
Todo está sutil y brutalmente mercadeado de forma alienante", respondió Mederos.

"La música tiene que ser parte del proceso de educación de las sociedades, deben existir más escuelas de música para que los genios que viven en los barrios no se mueran sin saber que lo fueron", agregó Rodríguez.

A la ministra Moreno le fue difícil encauzar la conversación con su guía de papel dispuesta en una mesa de centro.

Mederos esbozó su teoría de que la música no es sólo para distraer o llenar los espacios muertos del día: "La música debería ser como una religión, una unción; no sólo reflejar estados de ánimo, sino proponer ideas. El canto de los pájaros no es música".

El público, casi eufórico, aplaudía a destiempo, buscando con cualquier silbido o grito mostrar su aprobación ante las opiniones.

Para terminar, ambos coincidieron en que el futuro de la música es el mismo futuro de los pueblos: libres o dependientes.

 

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